El instrumento musical rememora el Villancico a San Frutos, en especial la primera vez que mi hija Elia, todavía niña, participó con la orquesta haciendo sonar su violonchelo.
La elección de los temas no fue lo más difícil; ambas ideas estuvieron decididas desde mi designación. Posiblemente, lo más complicado fue enfrentarme con el libro; en verdad, impone verse delante de un ejemplar con su halo histórico y de esas dimensiones, 60 × 50 cm. Después viene la elección de la pintura que tienes que emplear en ese papel que no conoces, un reto más, sobre todo porque no solo había que pensar en el resultado artístico: aquí la parte técnica era también muy importante. Se trataba de un libro y había que respetar este hecho: las páginas debían quedar inmaculadas en su aspecto; no se debía notar, cuando el libro estuviera cerrado, que estaban manipuladas. Mi idea era que la pintura incrementara el grosor del papel lo mínimo posible. Con estos condicionantes y después de muchas pruebas, llegué al lápiz de color. Sí, sí, esos que utilizábamos en el colegio; si no exactamente aquellos, porque ahora hay otras variedades, sí utilizados de la misma manera. Como un colegial.


No hay comentarios:
Publicar un comentario